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4:40 a.m.


Así fueron mis mañanas por al menos cuatro años, con variantes, por supuesto, pero la misma rutina. 

"Sonó la alarma anunciándome un nuevo día, abrí los ojos para ver a Mau, durmiendo como bebé, así que me paré de un salto, sin dejar oportunidad para que el sueño se volviera a apoderar de mí, pensé en que usaría durante el día y cuando lo tuve, llegó la decisión complicada, los zapatos; elegí los rojos, siempre son la mejor opción.

En el baño me lavé la cara y traté de acomodar un poco del desastre que las noches dejan en mi cabello al que a veces le toca recostarse húmedo sobre la almohada, coloqué mis lentes de contacto y estaba lista para la cocina.
Preparé velozmente el desayuno, la comida del día estaba lista desde la noche anterior, una fruta por aquí, un tupper por allá era lo que pasaba por las manos de Mau, quien se encarga de colocar las colasiones en la bolsita correspondiente mientras yo preparo el magnífico (y ya no tan suculento) jugo verde antes de salir de casa, desearía que fuera un café y tener suficiente tiempo para disfrutarlo como se debe, pero son solo piña, pepino y espinacas.
-          ¡Salud! – Le digo, mientras choco nuestros vasos antes de beber como si no hubiera un mañana
-          Hoy no quería – Me dice haciendo puchero, como si eso lo salvara de seguir cumpliendo con la dieta
¡Ya son casi las 5:00!!
Él baja corriendo las escaleras para adelantarse a sacar el carro y claro, poder pasar al baño.
¿Qué sigue? ¡Ah sí! Revisar la mochila, ¿no falta nada? Comida, cartera, llaves, celular, la credenc.. debí dejarla en el carro, bien, todo completo.
Volví a cambiarme los tacones, ¡el rojo no combina! Tomé los negros y me dispuse a salir, “te amo, cuidas la casa, y te cuidas tu” le dije a Boster antes de besar su cabecita y cerrar la puerta, seguramente no lo entendió porque estaba muy adormilado, ¡ah!  y también porque es un perro.
Era lunes otra vez, empezando como siempre, con la lucha por levantarnos y no aceptar los “cinco minutitos más” que traducidos al tráfico de la entrada a la CDMX resultan como 40! Y además había que cargar gasolina para poder al fin, emprender nuestro viaje.
Hemos platicado sobre mil temas, política, sus amigos, los míos, su trabajo, el mío, su familia o la mía, nuestros planes y los pendientes de la casa, el camino es largo, mas no agota nuestros temas de conversación, aunque llegan a haber días de silencio no acordado, donde nos basta estar uno junto a otro en el mismo auto rumbo al trabajo para saber que todo está en orden, que todo comienza otra vez.
Entonces se congela la escena (en mi mente, claro) y reconozco que esto es la vida, el tiempo que pasa entre un preparativo y otro día, las respuestas a preguntas que no hiciste y el esfuerzo casi invisible, disfrazado de rutina que se hace a diario.
Por eso sigo descargando música para el camino, siempre he dicho que cantar es de personas felices, no importa si no lo haces bien, la música en la medida correcta termina llenándote los pedacitos de alma que te complementan, y afortunadamente le puedo presumir a Mau que “yo me sé todas” cuando suena cualquier canción, por viejita que pueda ser, en la radio.
Hasta el momento, no he encontrado nada malo en crecer, salvo las ganas de vivir como cuando tenía 10 pero con responsabilidades de alguien de 32 pero al final, son esas mismas responsabilidades las que te levantan de la cama.
La jornada comienza a las 8:00 a.m. pero nuestro día comenzó al menos cuatro horas antes.
Antes de bajar del carro, justo frente al edificio donde trabajo, beso los labios de Mau
-          Gracias por traerme - Le digo
-          Cuídate, nos vemos al rato -  Alcanzo a escuchar antes de cerrar velozmente la puerta porque se ha puesto en verde el semáforo.
El carro se aleja mientras le doy la vuelta a la puerta giratoria.
-          ¡Buenos días! – Digo casi gritando. Y los guardias, las personas de intendencia y algún compañero que madrugó me responden lo mismo mientras sonríen.
Otra vez es lunes, y me encanta estar de vuelta."
Es increíble pensar como de repente nos alejamos de la apreciación por las cosas simples, que bonito tener trabajo, que bonito compartirte, que bonita la música y que bonita la vida 




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