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El día en que todo se detuvo


Se llamó Covid, y aquí escribía sobre lo impactante que era el inicio de este cambio en nuestras vidas. 

"De repente nos detuvimos todos, las
  escuelas cerraron mientras las calles, poco a poco se fueron vaciando, esta primavera llegó sin festivales, no hubo niños vestidos de animalitos rumbo a la escuela con una coreografía perfectamente ensayada, ni madres tomándolos de la mano mientras con la otra se aseguraban de llevar la cámara, tampoco los habrá en mayo.

Disminuyeron nuestras prisas y la vida de repente se nos desocupó, trabajamos desde casa posponiendo las comidas con los compañeros de oficina, comenzamos a pedir para llevar, y todo el tiempo que nos sobró para visitar a nuestras familias y decidimos ocupar para “descansar” ahora nos hace falta para hacer lo mismo que tanto postergamos.

Vaciamos supermercados para poder quedarnos en casa y comenzar a reconocerla, a mantenerla y darnos cuenta de que, no importa cuánto ganes, que tan “bien” puedas vivir ni los sellos en tu pasaporte, la vida se encargará de recordarte que nada te pertenece, que de nada sirve un auto de lujo cuando no puedes emprender ningún camino, ni una visa vigente cuando no hay aviones surcando el cielo, de nada nos sirven tantas video llamadas con tan pocos abrazos.

Entramos, sin pedirlo ni esperarlo, en una etapa de reflexión, donde no necesariamente debemos hacer algo para sentirnos mejor, se trata de mirar hacia adentro más que hacia afuera, encontrar nuestro verdadero tesoro y entender que el valor de la vida está en poder vivirla.

Hoy nos quedaremos en casa mientras algunos siguen saliendo, porque sus trabajos no son aptos para hacer home office, porque viven lejos o porque simplemente “si no trabajan, no comen”, nos toca prender a guardar fuerza, a ser pacientes y mantenernos unidos, aunque no podamos estar juntos.

Pronto las iglesias volverán a abrir sus puertas, nos veremos una mañana dando os buenos días a todos quienes dejamos en el trabajo, reuniéndonos en el tráfico de una ciudad que no descanso ante una pandemia, y que no descansará jamás, en un país al que la destrucción le ha enseñado a reconstruir, y ahí estaremos triunfadores todos, habremos vencido una más, y por más que nos cueste volver a adaptarnos, aún cuando vuelva nuestro mal genio por la “rutina” y sus pendientes, estoy segura de que nada volverá a ser igual.

Mientras, el sol seguirá saliendo, las aves volverán a cantar como cada mañana, porque aunque nuestras vidas hayan cambiado, el mundo no dejará de girar alimentando nuestra esperanza para poder volver al mar, a sus bosques y montañas, para poder volver a comer con la familia, porque a veces, una situación de conflicto es lo que necesitamos para que se nos reinicie la vida."

Aprendí bastante de la pandemia, me hizo mas cuidadosa, mas agradecida y sinceramente un poco más ansiosa respecto a que algo les sucediera a los que amo, muchas personas dejaron sillas vacías en las cenas navideñas y ni siquiera pudieron despedirlos, pasaron cosas, y aunque sobrevivimos, la mayoría, la vida definitivamente no se ve igual. 

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