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New York, New York!

 ¡Se acabaron las vacaciones!

Y he vuelto con los pies deshechos, el corazón lleno y la mente expandida, elegir Nueva York como mi segundo destino de viaje sola ha sido de las mejores decisiones de la vida.

Hace mucho tiempo tenía ganas de ver rascacielos, sentirme pequeña y desafiarme visitando la ciudad de las películas, afortunadamente puedo tachar esa idea de mis pendientes.

Siempre he pensado que los viajes se viven muchas veces, y desde que comencé a pensarlo y comprar todo para mi comenzó la aventura.

Ese lunes en la mañana me desperté temprano, me bañé, tomé mi maleta y mi mochila verde y medio dormida Sali al aeropuerto, hacía frio, pero no lo suficiente para quitarme el sueño, tardé un poco más en llegar porque había un accidente, afortunadamente nada de que alarmarse y también llevaba tiempo. Al llegar al aeropuerto el chico del Uber me deseo suerte y me dijo que me divirtiera, y sí.

Me gusta viajar ligero, sobre todo por el alivio de o estar pensando en si perdí u olvidé algo, vivo con la idea de que lo que sea que deje en casa seguro lo consigo en mi lugar de destino, por ejemplo, un pijama. No me tocó documentar, preferí la opción de llegar con poco y volver con pago de exceso de peso, como sea llegó el momento de abordar, estaba lista para leer, pero pasaron cosas, una chica a mi lado echando un ojo a mi selección de libro, por ejemplo.

Se llamaba Fernanda, tenía más o menos mi edad y también viajaba sola, pero por cuestiones de trabajo, hablamos sobre la dopamina, sus efectos, los ojos lindos del “flight attendant”, le conté que era mi primera vez viajando sola a USA, le hice un resumen de mi itinerario e intercambiamos números “por si acaso” y después nos quedamos medio dormidas, la verdad es que raramente me cayó muy bien, después de migración, donde la única pregunta fue “con quien viene?” la acompañé por su maleta y realmente espero volver a verla.

Desde el inicio tocó resolver, no había bus pero si conocimiento de San Tiktok para llegar a Manhattan, aseguré mi maleta, me puse bien la mochila y TDC en mano comencé a buscar el tren que me llevaría al otro tren que me llevaría al metro. Todo bien, salvo la estafa para llegar a Penn station.

La red de trenes es fácil, solo tienes que ver qué dirección número y letra debes tomar, así logré llegar a la 42, saliendo de ahí lo primero que vi fueron edificios altos, MUY altos y me sentí orgullosa de haberlo logrado, seguía caminar al hotel, un par (varias) calles y llegué, hice check in, piso 18.. gracias a Dios hay elevador...

Me tocó una habitación oculta, lo cual me encantó. Dejé mis cosas, me tomé un momento para mirar un poco de times square por la ventana, me até el cabello, tomé mi mochila y empecé la aventura.

Realmente fue sencillo, todo lo que había por ver hacía el camino mas llevadero, gente muy grande, de muchos colores, olor a marihuana, pero también a un perfume de Victoria´s Secret que identifico perfecto. Eran las 4 y algo de la tarde y tocaba comer, afortunadamente no hay comida típica, en ese caso me habría tocado buscar, pero más bien confié en varias recomendaciones.

Después de la comida comenzó la caminata, mientras me alejaba de las pantallas vi caer el atardecer entre edificios, taxis amarillos y personas con prisa, lo primero que llamo mi atención fue el sonido de Nueva York, escuché inglés entendible, inglés británico, español, italiano, turco, ruso, alemán y muchos más idiomas que no pude reconocer, imaginé haber vuelto en el tiempo y encontrado la torre de Babel (suponiendo que hubiera existido), después me enteré que en esa ciudad hablan 860 idiomas y estuvieron muy cerca de que su idioma oficial fuera el español.

Llegué a mis tiendas de interés muy rápido, y pronto ya estaba caminando la 5ta avenida, marcas de lujo, y de no tan lujo, personas mirando los aparadores, y raramente, todas las mujeres olían a una fragancia que le reconozco bien a VS, muy dulce, por cierto.

Cató la noche y quise averiguar si verdaderamente la ciudad no dormía, y sinceramente es un mito, las tiendas cierran a las 9, los restaurantes a las 11 y a partir de ahí solo encuentras rooftops y “vida nocturna”, se me fue el tiempo en averiguarlo y terminé regresando al hotel a las 2:00 a.m. aproximadamente con muy poca esperanza de poder dormir, hacía frio y había mucho, MUCHO ruido, aunque no lo suficiente para ganarle al cansancio.

El martes me levanté temprano, había comprado un tour que me prometía mostrar los contrastes de Nueva York, bajé a desayunar y me dirigí a la Gran Central, llegué a tiempo, obvio, y pronto Daniel preguntó por mi y comenzó el viaje, recorrí Harlem, mitad casa de jazz, mitad de hip hop, población de gente negra y de los salones para melenas curly y afro más caros de NY, murales y el teatro más emblemático de las películas setenteras, después llegamos a Queens, específicamente a su museo, “the world” y la estación espacial de la “Man in black”, como ruido de fondo tenia a Daniel explicando cosas de la fundación del lugar mientras yo me encantaba con el desfile de perros con zapatitos que paseaba por la calle de al lado. Después de eso siguió el Bronx, el barrio más “peligroso” de Nueva York, con casas de interés común que proporciona el gobierno a las personas sin recursos, escuelas públicas con barrotes en las ventanas y detectores de metales en las entradas, mucha gente negra pero también latinos en los negocios, encontrarlos es recordar un poco que de donde vengo lo malo no quita lo amable.

Después de comer “las mejores empanadas” que si, muy ricas, el bus tomó dirección a Broklyn, ya encaminándonos de regreso a Manhattan, se detuvo en medio Dumbo y yo solo pude ver otro bus que decía “Coney Island” y me fui, le dije a Daniel que iría, que él continuara, en caso de no alcanzarlo de vuelta sabia como regresar (más bien lo averiguaría); así fue como terminé en un parque de diversiones en una isla, un local me contó historias tétricas y probé uno de los mejores helados de mi vida, me quedé un rato mirando el mar y pensando en lo mucho que me gusta ese lugar, después de un rato volví a Dumbo y por suerte a Daniel se le perdió una familia, digo por suerte porque eso me dio tiempo de mirar lo puentes y apreciar toda la vibe del lugar, lamentablemente ese día Spiderman era más bien Peter Parker.

Recorrí un par de calles al sur y encontré “los mejores sándwiches de pastrami” sinceramente se veían buenos, pero creo que ningún alimento popular vale 2 horas de espera en una fila de país ajeno, después de todo fui a conocer, por lo que se toman decisiones importantes.

Volví a Manhattan pasando por la ONU, la estatua del perrito jugando con un taxi, que como dato curioso fue donado por la estación de bomberos al área de oncología del hospital de especialidad de la ciudad. Así llegamos nuevamente a la Gran Central, que, por cierto, ¡qué bonita! Con vibe mágica y el cinturón de orión sobre la cabeza de quienes la recorren, pensé en lo que representa para toda la gente que vive o trabaja ahí, sobre todo que trabaja, porque con rentas de 6000 dólares seguro los que viven ahí no usan esos trenes.

Concluido el tour agradecí a Daniel, con quien había tenido una conversación muy sería sobre la inmigración y quien me hizo entender desde otra perspectiva lo que representa tener que dejar tu país poniendo todas las ganas en que en otro funcione. Tomé mis ideas y pensamientos, seguí a Daniel en IG y regresé a “mi camino” realmente no tenías uno, así que decidí buscar lo más emblemático, el empire state estuvo fácil porque estaba enfrente, pero le siguieron el top of the rock, el Summit, que me esperaba al día siguiente y the Edge, suena sencillo, pero no están tan cerca uno del otro, por eso puedo decir que le di la vuelta a la manzana!

Llegué puntual a Broadway, la hora de lo que más me emocionaba del viaje había llegado, desde que compré la entrada a la obra me emocioné muchísimo, ya afuera del teatro no lo podía creer, estaba convirtiendo mi sueño en realidad!

Elegí Alladín por la promesa de puesta en escena, y aunque sinceramente no entendí como funciona la alfombra voladora porque no le ví ningún hilo o plataforma que lo sostuviera (magia, si me lo preguntan) lo más impresionante fue la obra en sí, me gusta mucho el teatro, MUCHO, pero definitivamente, salvo el de Roma, no había visto algo tan profesional, tanta coordinación, los actores incluso gesticulaban cada escena, y parecía que muchas cosas pasaban en cada escena al mismo tiempo, los vestuarios brillaban, cantaban en vivo, la historia era adaptaba pero respetaron las canciones con banda sonora en vivo!! Mi personaje favorito fue el genio, sin duda, ame la experiencia, el escenario, la obra y estar ahí, me sentí afortunada y feliz de aún saberme las canciones. Una cosa menos por hacer antes de mudarme de este mundo.

Antes de que cerraran, pasé a Nintendo a cobrar mi promesa y seguí con las compras, me han llamado materialista varias veces por lo que diré, pero no puedo evitar pensar en la gente que quiero cuando los encuentro en cosas que sé que les pueden gustar, me gusta dar regalos y mi mayor satisfacción es ver en la emoción con que reciben que hice una buena elección. Así fue como entre y Sali de muchas tiendas de la 5ta avenida, hasta que se hizo tarde de nuevo, tocaba volver al hotel, para entonces los pies me mataban, creo que no elegí bien el calzado que llevé, pero jamás me rendí. De paso por times square me detuve a ver shows callejeros y preguntarme si esos hombres no tenían huesos o algo. Ya en el hotel me tiré en la cama a pensar en lo buena compañía que soy para viajar, en que quiero hacer muchos viajes sola pero obvio no descarto mis ganas de encontrar a mi compañero de viajes quien definitivamente deberá tener muchas ganas de gastarse los pies porque los míos no piensan para nunca! Esa noche me costó más trabajo dormir, pero se logró descansar lo suficiente para levantarme en cuanto sonó la alarma.

Miércoles, mitad de semana, día soleado y dos museos y un mirados esperándome, elegí un vestido, por si me quemaba que fuera parejo, tomé mi mochila y me fui a la 42 para entrar al metro, me sorprendió lo poca gente que hay, pero también los vagabundos, una imitadora me recordó que aún tengo que perseguir el concierto de Adele. En 30 min ya estaba afuera del Museo Americano de Historia Natural, cede de una de las películas favoritas de Kimy, por supuesto lo recorrí con ella en videollamada, amé su emoción al ver “las figuritas”, los animales, dinosaurios y sobre todo a Tonton. Lamentablemente no tenía mucho tiempo, tocó hacer lo poco usual: recorrer el museo a contra reloj, aún así me encantó, por grande y organizado, aunque sinceramente esperaba ver al menos un Adam Sandler como referencia en algún lado.

Salí de ahí, crucé la calle e inevitablemente mis ojos se llenaron de lágrimas, Central Park me daba la bienvenida, el lugar que Don Leo y yo soñábamos visitar, es realmente el pulmón de la ciudad, enorme y lleno de arte, gente pintando, haciendo o escuchando música, escribiendo, leyendo, pero también jugando, familias completas haciendo picnic y algunas parejas paseando de la mano, yo solo encontré todas las bromas que papá hacía al respecto, me tocó caminarlo casi por completo, los pies no me daban más pero fueron leales, viví una experiencia incomoda con una pareja filipina que parecía no estar conforme entre sí, mientras trataban de tomarme una foto yo solo pensaba, si no explotan de amor y admiración por estar juntos tratándose con interés y atención mejor nadota. Igual les agradecí, después de todo había olvidado mi selfie stick.

Después de poco más de una hora salí del parque, Maps me marcaba 12 calles al museo, 12 calles? Facilísimo.

Luego de hidratarme con una cerveza llegué al MoMA (Museo de Arte Moderno, por sus siglas en inglés) había hablado mucho con tia Pau y con Miri sobre ese lugar, mis ganas de conocer la noche estrellada de Van Gogh fue lo que me llevó ahí, boleto en mano dejé que revisaran mi mochila, que para ese entonces y casi como siempre, solo cargaba mi pasaporte, protectores solares facial y corporal, un labial, dólares, unas mangomitas, mi power bank, un dinosaurio y mi inseparable Alcohosito, realmente amo viajar ligero, aunque de cualquier manera con el cansancio esa mochila terminó sintiéndose como de 6 kilos.

Tenía dos horas para recorrer el museo antes de que cerraran, sinceramente fue tiempo suficiente, me encantó pensar que tenía algo en común con quien distribuyó y organizó el museo, todos los números eran pares, 6 salas, con 4 divisiones, las obras no se exponían en números impares, y yo estaba siendo muy feliz por eso.

Cuando al fin encontré la noche estrellada me decepcioné un poco, la obra de Van Gogh se caracteriza por el relieve, por tener textura y en lugar de exponerla en una sala con la temperatura adecuada para preservar la pintura decidieron colocarle un marco de cristal! ¡Por Dios señores! ¡Si la capilla Sixtina se preserva desde antes, que hacen quitándole el efecto de relieve a una de las obras más icónicas! Igual me gustó, pero mis quejas para el administrador.

Encontré muchas más obras representativas, como las 32 latas de sopa o lo que me rompió el corazón: encontrar cosas que conozco de mi infancia expuesto como cultura pop, y es que si, me tocó niñez de boom cultural en el ámbito pop, pero eso no quita que estén ya en museos y mucho menos escuchar a un adolescente preguntar cómo funcionaban los Discman.

Después de eso decidí descansar, me senté frente a una gran ventana a responder mensajes y dar las señales de vida que prometí. Me encantó disfrutar hasta los más minios momentos del viaje.

Terminada la pausa, de como 10 min, bajé a la tienda del museo, exponían artes plásticas y sinceramente no entendí nada, un triángulo, una silla, dos palomas... no me lleve nada, si voy a tener algo en casa prefiero que sea algo que e hace sentido.

Al salir de ahí me sentí menos cansada, como que las ganas de no parar me dieron energía, tocó caminar de vuelta a la 42, mi cita en el Summit era a las 7:30 y llevaba buen tiempo para comer algo de paso. Conozco, por experiencia, que podría no comer, pero le prometí a Kimy hacerlo entonces las comidas eran paradas obligadas.

Se me fue el tiempo que llevaba extra platicando con un grupo de personas que conocí en la comida turca, aun así, llegué a tiempo y comenzó la experiencia.

El Summit es uno de los miradores más representativos de Manhattan porque literalmente fue creado para eso, que después quisiera aprovechar para otras coas pues bueno. no hay negocio rentable si no es adaptable.

Pasando los dos filtros de seguridad y la foto que me hizo darme cuenta que estaba en tierra de gigantes, con los pies cubiertos, hice fila en un túnel oscuro, me daba un poco de ansiedad pensar en que se nos acabaría el oxigeno por colocar a tantas personas en un espacio tan oscuro y pequeño por tanto tiempo, la fila avanzaba muy lento.

Al fin en el elevador comencé a subir los 91 pisos, elevador lleno de gente y de espejos. Cuando se abrió sentí increíble, frente a mi estaba la ciudad de Nueva York, expuesta, enorme, imponente, en una vista 360.

Me senté a ver caer el atardecer y me sentí tan conmovida que no pude evitar llorar, poquito, obvio, como dije, había mucha gente. Lloré por lo hermoso de la ciudad pero también por lo que representaba estar ahí, más allá de ser desde siempre la persona que paga mis viajes, estar ahí, sola y soltera me hizo sentir tremendamente empoderada y triste, triste porque yo quería la familia, la relación bonita, porque le puse ganas y aún con eso me tocó elegirme, y empoderada porque estar ahí solo me lo debía a mí, a mi trabajo, a mis ganas, a mi “obvio que puedo”, y a mi convicción de que la misión de cada viaje es volver a casa con mucho que contar.

Me quedé ahí hasta el anochecer, las mejores fotos fueron selfies, pero estaba muy feliz. Cerca de las 00:00 me despedí de la experiencia. Amé y aprecié cada momento ahí pero el viaje debía continuar.

Volví a hidratarme y ahí encontré a un grupo de amigos, dos parejas y Alejandro, coincidimos en la barra, le ayudé a una de las chicas a explicarle al bar tender que era alérgica al durazno, le dije que la entendía por mi alergia a la fresa y comenzaos a platicar. Me invitaron a su mesa y tuve la mejor conversación del viaje.

En un lugar lleno de inglés fuimos el escandalo en español, me contaban como organizaron el viaje y que originalmente eran 6, pero pasan cosas... cosas que dejan corazones rotos… que ganas de contarles mi trágica historia, pero, para qué?

Hablamos de los países que conocemos, el tipo de viajes que nos gustan y en general lo bello que es el mundo, me preguntaron que haría después y mientras les contaba la osadía de mi día Alejandro dijo “vamos al rooftop de times square, si no recuerdo mal, hoy es noche latina” Nos pareció buena idea a todos y fuimos allá, el único problema es que la noche latina era en Bryant Park, no en times square … por lo que caminamos un poco más.

 El lugar era lindo, el empire state tiene una vista hermosa, yo no quería beber, soy más responsable cuando me toca cuidar de mí misma, así que me dediqué a platicar, sorprendentemente no hablamos sobre nosotros, más bien sobre lo que pensamos, nadie contó su vida, solo disfrutábamos del momento. Fue así como terminé en un columpio a las 3:00 a.m. hablando con un desconocido, que por cierto me pareció brillante, me encantó la manera de pensar, su sentido del humor y los ojazos brillantes que tenía, era viajero de Medellín, y eso a mi me sabía a dejavu, me confundió pensar en si de verdad me gustaba o si solo tengo debilidad por los paisas.

-          ¿Crees en el amor a primera vista? - Me dijo sonriendo

-          En lo que no creo es en los vínculos a distancia. - Le dije, con toda la intención de dejar en claro de que no había chance de una plática romántica.

Y es que si, era guapo, hablaba y olía lindo, me gustaba su cerebro y su humor, pero sinceramente lo último que quiero es complicarme la tranquilidad que me ha costado conseguir, además, tengo palabra y aún no es agosto, la huelga emocional sigue, y sin vinculo afectivo jamás habrá acto reproductivo.

El agradeció la sinceridad y se ofreció a acompañarme a mi hotel, acepté.

Caminamos muchas calles mientras hablábamos de la ciudad haciendo el trayecto muy corto, la verdad es que la manera más sencilla para que un hombre me llame la atención es que tenga buena platica, y ese colombiano lo tenía.

-          ¿Puedo ayudarte con la mochila?

-          ¿¿Hablas de darle mi pasaporte a un completo desconocido en un país que no es el mío??

-          Que latinoamericana – Respondió entre risas.

Encontramos la noche latina y toco sentir compasión por el ritmo que no circula en los cuerpos anglosajones, bailamos, triunfamos y seguimos el camino.

Llegamos al hotel y platicamos un buen rato más en el lobby, hacía mucho que no conectaba intelectualmente con alguien, como eso me gustó hice lo más prudente, despedirme. No me pienso volver a arriesgar NUNCA involucrándome con alguien que no está disponible.

Subí a mi habitación y prácticamente caí en coma.

Aunque dormí profundo, dormí poco. Tocaba levantarme temprano para ir a la emblemática estatua de la libertad, y si había suerte, el MET. Desayuné algo camino al metro y me aventuré a mi siguiente parada.

Llegué a Battery park y pronto supe donde conseguir mi boleto a la isla, mucho calor, pero también muchas ganas. Dicen que la estatua de la libertad es siempre mas pequeña de lo que imaginas, pero sinceramente la vi justo como la imaginé, el color azul por el cobre desgastado me pareció precioso y el oro de la antorcha es realmente deslumbrante, pase un tiempo ahí, compre cositas y encontré el pin representativo de ese viaje, también busqué llavero pensando en mi nueva casita y me emocioné por estar ahí.

Sinceramente no hay mucho que ver, más bien apreciar y me encargué de hacerlo, después de una limonada que me supo a Capri, esperé por el regreso.

De vuelta en Battery park platiqué con un guía que se refrescaba con las botellas de agua helada por un dólar, me contó que el MET esta parcialmente cerrado y me rompió el corazón al decirme que es justo del lado de la sala de los Oscares y las esculturas griegas, que es lo que quería ver, obvio no le creí e investigué, era cierto.

Tocó redireccionar el viaje, a metros estaba el toro de Wall Street, pensé en que necesito “suerte” para el dinero, así que comencé a caminar hacía la fila para la foto, hice lo que debía y me regalaron un periódico con MI foto, de haberlo sabido miraba esa cámara y no la del teléfono, aun así, lo pienso enmarcar.  

Recorrí el distrito financiero, conocí a un corredor de la bolsa en el lugar donde fui a comer, la plática fue breve porque se encontraba en acciones de alto riesgo y no podía quitarles el ojo de encima. Literal.

Seguí mi camino y encontré más cosas emblemáticas, el miniso kawai y la iglesia de los milagros potentes. Pedí un favorsito, por si acaso.

El camino de vuelta a Manhattan fue raro, no sé cómo logré regresar a pie de un lugar que me tomó varias líneas de metro, se lo atribuyo a mi creencia de pensar que puedo llegar a cualquier lugar caminando, razón por la cual volví con las piernas más firmas.

Regresé a Manhattan casi al anochecer, comí pan y entré a los laberintos, me gusta pensar que soy hábil y no que hay una formula para salir de ahí. Para entonces estaba cansada, frente a la catedral de San Patricio (si, mi pobre angelito!) me senté y aflojé los tenis. Mi tiempo de pausita había llegado.

Mucha gente, y al fondo, ¡¡camerinos!! Fui a chismosear, no sé qué película iban a grabar, ¡pero pude ver una puesta en escena seguramente hollywoodense! Espero reconocer la locación en alguna película, cámaras enormes, micrófonos y mucha gente casi que corriendo en círculos, les decían a los extra justo que no hacer: “no miren las cámaras”, “no hablen alto”, etc.

Camino al hotel decidí quedarme en times square, era mi ultima noche en esa ciudad, no quería que terminara, ¡pasaba por i mente cada calle, cada tienda, cada comida, comida! Tocó cenar en “Los tacos No.1” mucha gente y sorprendentemente deliciosos, me refiero al de pastor.

Llegué al hotel y encendí la tele mientras acomodaba mi maleta, fuera bolsas, era momento de ejercer mis tardes de Tetrix, todo cupo perfecto, estaba lista para partir.

El check out del viernes era a las 11, me levante temprano para ir a desayunar, elegí McDonald´s para no perder tiempo y poder pasar por Disney para mi joyita del viaje, lo habría hecho en Tifannys pero pensé que volvería a pasar por ahí y no, o en Pandora, pero por inauguración estaban llenos, así que elegí unos aretes de minie mouse con perlitas, salí feliz y volví al hotel, después de entregar la habitación pisé por última vez la alfombra que dice “Paramount”.

No quería la aventura subterránea, mi maleta pesaba más y estaba segura de que podía dañar las rueditas, así que, disfrutando como todo el viaje de la caminata, fui hasta el bus de Newark, pagué mis 15 dólares y comencé a ver cómo me alejaba de la ciudad.

Mi mente hizo un review de todo lo vivido y se me llenó el corazón de gusto, amo viajar, conocer, retarme, y sinceramente lo hice muy bien, me fui conforme con lo vivido, soy de la idea de no repetir lugares, pero sin duda me quedan ganas de regresar.

Tengo los ojos en Suiza, después de eso en Japón, con suerte ya no vaya sola, pero en caso de que sí tengo la certeza de que la pasaré increíble, porque en estos últimos dos viajes no he necesitado nada más que mis ganas y la tranquilidad que me doy por saber que no pasa nada si me pierdo, porque mi principal casa soy yo.

Llegué a tiempo al aeropuerto pero el vuelo se retrasó horas, no hace falta recapitular el drama de la gente y lo cansada que me sentía o el trabajo que me cuesta subir y bajar mi maleta de cabina, todo salió bien, volví a mi país de madrugada y a los brazos de Kimy, me dijo que se alegraba por verme, me tenía listo un café y le platiqué todo con la misma emoción con la que recuerdo contarle mis días al salir de la escuela, ella solo me sonreía mientras escuchaba con atención, le puse la pulsera de viaje en la mano, ella agradeció, me llenó el corazón diciendo que estaba feliz de verme cumplir sueños y orgullosa de lo lejos que me puedo llevar. Nos dimos las buenas noches y nos fuimos a dormir.

Viajar no da vida, da las ganas de vivirla, se vuelve con menos dinero pero literalmente más mundo, viajar asusta a veces, pero emociona el doble, ser capaz de llevarte a los lugares que soñaste ir es una forma impresionante de hacerte cómplice de ti mismo, respetar tu ritmo y tus decisiones te hace pensar que todo es posible, ojalá el tiempo en el mundo me alcance para conocer lo más que pueda.

Volví feliz pero también agradecida, con lo que tuvo que pasar para hacer el viaje realidad, con mis pies que resistieron, con haberme cuidado y volver sana y salva, con las oportunidades y quien programe el universo, volví con más ganas de volver a meter el pasaporte en mi mochila verde muy pronto!

¡Mientras tanto, hasta siempre Nueva York! Que precioso eres.

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