¡Se acabaron las vacaciones!
Y he vuelto con los pies
deshechos, el corazón lleno y la mente expandida, elegir Nueva York como mi
segundo destino de viaje sola ha sido de las mejores decisiones de la vida.
Hace mucho tiempo tenía ganas de
ver rascacielos, sentirme pequeña y desafiarme visitando la ciudad de las películas,
afortunadamente puedo tachar esa idea de mis pendientes.
Siempre he pensado que los viajes
se viven muchas veces, y desde que comencé a pensarlo y comprar todo para mi comenzó
la aventura.
Ese lunes en la mañana me
desperté temprano, me bañé, tomé mi maleta y mi mochila verde y medio dormida Sali
al aeropuerto, hacía frio, pero no lo suficiente para quitarme el sueño, tardé
un poco más en llegar porque había un accidente, afortunadamente nada de que
alarmarse y también llevaba tiempo. Al llegar al aeropuerto el chico del Uber
me deseo suerte y me dijo que me divirtiera, y sí.
Me gusta viajar ligero, sobre
todo por el alivio de o estar pensando en si perdí u olvidé algo, vivo con la
idea de que lo que sea que deje en casa seguro lo consigo en mi lugar de
destino, por ejemplo, un pijama. No me tocó documentar, preferí la opción de
llegar con poco y volver con pago de exceso de peso, como sea llegó el momento
de abordar, estaba lista para leer, pero pasaron cosas, una chica a mi lado
echando un ojo a mi selección de libro, por ejemplo.
Se llamaba Fernanda, tenía más o
menos mi edad y también viajaba sola, pero por cuestiones de trabajo, hablamos
sobre la dopamina, sus efectos, los ojos lindos del “flight attendant”, le conté
que era mi primera vez viajando sola a USA, le hice un resumen de mi itinerario
e intercambiamos números “por si acaso” y después nos quedamos medio dormidas,
la verdad es que raramente me cayó muy bien, después de migración, donde la única
pregunta fue “con quien viene?” la acompañé por su maleta y realmente espero
volver a verla.
Desde el inicio tocó resolver, no
había bus pero si conocimiento de San Tiktok para llegar a Manhattan, aseguré
mi maleta, me puse bien la mochila y TDC en mano comencé a buscar el tren que
me llevaría al otro tren que me llevaría al metro. Todo bien, salvo la estafa
para llegar a Penn station.
La red de trenes es fácil, solo
tienes que ver qué dirección número y letra debes tomar, así logré llegar a la
42, saliendo de ahí lo primero que vi fueron edificios altos, MUY altos y me
sentí orgullosa de haberlo logrado, seguía caminar al hotel, un par (varias)
calles y llegué, hice check in, piso 18.. gracias a Dios hay elevador...
Me tocó una habitación oculta, lo
cual me encantó. Dejé mis cosas, me tomé un momento para mirar un poco de times
square por la ventana, me até el cabello, tomé mi mochila y empecé la aventura.
Realmente fue sencillo, todo lo
que había por ver hacía el camino mas llevadero, gente muy grande, de muchos
colores, olor a marihuana, pero también a un perfume de Victoria´s Secret que
identifico perfecto. Eran las 4 y algo de la tarde y tocaba comer, afortunadamente
no hay comida típica, en ese caso me habría tocado buscar, pero más bien confié
en varias recomendaciones.
Después de la comida comenzó la
caminata, mientras me alejaba de las pantallas vi caer el atardecer entre
edificios, taxis amarillos y personas con prisa, lo primero que llamo mi
atención fue el sonido de Nueva York, escuché inglés entendible, inglés
británico, español, italiano, turco, ruso, alemán y muchos más idiomas que no
pude reconocer, imaginé haber vuelto en el tiempo y encontrado la torre de
Babel (suponiendo que hubiera existido), después me enteré que en esa ciudad
hablan 860 idiomas y estuvieron muy cerca de que su idioma oficial fuera el
español.
Llegué a mis tiendas de interés
muy rápido, y pronto ya estaba caminando la 5ta avenida, marcas de lujo, y de
no tan lujo, personas mirando los aparadores, y raramente, todas las mujeres olían
a una fragancia que le reconozco bien a VS, muy dulce, por cierto.
Cató la noche y quise averiguar
si verdaderamente la ciudad no dormía, y sinceramente es un mito, las tiendas
cierran a las 9, los restaurantes a las 11 y a partir de ahí solo encuentras
rooftops y “vida nocturna”, se me fue el tiempo en averiguarlo y terminé
regresando al hotel a las 2:00 a.m. aproximadamente con muy poca esperanza de
poder dormir, hacía frio y había mucho, MUCHO ruido, aunque no lo suficiente
para ganarle al cansancio.
El martes me levanté temprano, había
comprado un tour que me prometía mostrar los contrastes de Nueva York, bajé a
desayunar y me dirigí a la Gran Central, llegué a tiempo, obvio, y pronto
Daniel preguntó por mi y comenzó el viaje, recorrí Harlem, mitad casa de jazz,
mitad de hip hop, población de gente negra y de los salones para melenas curly
y afro más caros de NY, murales y el teatro más emblemático de las películas setenteras,
después llegamos a Queens, específicamente a su museo, “the world” y la
estación espacial de la “Man in black”, como ruido de fondo tenia a Daniel
explicando cosas de la fundación del lugar mientras yo me encantaba con el
desfile de perros con zapatitos que paseaba por la calle de al lado. Después de
eso siguió el Bronx, el barrio más “peligroso” de Nueva York, con casas de
interés común que proporciona el gobierno a las personas sin recursos, escuelas
públicas con barrotes en las ventanas y detectores de metales en las entradas,
mucha gente negra pero también latinos en los negocios, encontrarlos es
recordar un poco que de donde vengo lo malo no quita lo amable.
Después de comer “las mejores
empanadas” que si, muy ricas, el bus tomó dirección a Broklyn, ya encaminándonos
de regreso a Manhattan, se detuvo en medio Dumbo y yo solo pude ver otro bus
que decía “Coney Island” y me fui, le dije a Daniel que iría, que él continuara,
en caso de no alcanzarlo de vuelta sabia como regresar (más bien lo averiguaría);
así fue como terminé en un parque de diversiones en una isla, un local me contó
historias tétricas y probé uno de los mejores helados de mi vida, me quedé un
rato mirando el mar y pensando en lo mucho que me gusta ese lugar, después de un
rato volví a Dumbo y por suerte a Daniel se le perdió una familia, digo por
suerte porque eso me dio tiempo de mirar lo puentes y apreciar toda la vibe del
lugar, lamentablemente ese día Spiderman era más bien Peter Parker.
Recorrí un par de calles al sur y
encontré “los mejores sándwiches de pastrami” sinceramente se veían buenos,
pero creo que ningún alimento popular vale 2 horas de espera en una fila de
país ajeno, después de todo fui a conocer, por lo que se toman decisiones
importantes.
Volví a Manhattan pasando por la
ONU, la estatua del perrito jugando con un taxi, que como dato curioso fue donado
por la estación de bomberos al área de oncología del hospital de especialidad
de la ciudad. Así llegamos nuevamente a la Gran Central, que, por cierto, ¡qué
bonita! Con vibe mágica y el cinturón de orión sobre la cabeza de quienes la
recorren, pensé en lo que representa para toda la gente que vive o trabaja ahí,
sobre todo que trabaja, porque con rentas de 6000 dólares seguro los que viven
ahí no usan esos trenes.
Concluido el tour agradecí a
Daniel, con quien había tenido una conversación muy sería sobre la inmigración y
quien me hizo entender desde otra perspectiva lo que representa tener que dejar
tu país poniendo todas las ganas en que en otro funcione. Tomé mis ideas y
pensamientos, seguí a Daniel en IG y regresé a “mi camino” realmente no tenías
uno, así que decidí buscar lo más emblemático, el empire state estuvo fácil
porque estaba enfrente, pero le siguieron el top of the rock, el Summit, que me
esperaba al día siguiente y the Edge, suena sencillo, pero no están tan cerca
uno del otro, por eso puedo decir que le di la vuelta a la manzana!
Llegué puntual a Broadway, la
hora de lo que más me emocionaba del viaje había llegado, desde que compré la
entrada a la obra me emocioné muchísimo, ya afuera del teatro no lo podía
creer, estaba convirtiendo mi sueño en realidad!
Elegí Alladín por la promesa de
puesta en escena, y aunque sinceramente no entendí como funciona la alfombra
voladora porque no le ví ningún hilo o plataforma que lo sostuviera (magia, si
me lo preguntan) lo más impresionante fue la obra en sí, me gusta mucho el
teatro, MUCHO, pero definitivamente, salvo el de Roma, no había visto algo tan
profesional, tanta coordinación, los actores incluso gesticulaban cada escena, y
parecía que muchas cosas pasaban en cada escena al mismo tiempo, los vestuarios
brillaban, cantaban en vivo, la historia era adaptaba pero respetaron las
canciones con banda sonora en vivo!! Mi personaje favorito fue el genio, sin
duda, ame la experiencia, el escenario, la obra y estar ahí, me sentí
afortunada y feliz de aún saberme las canciones. Una cosa menos por hacer antes
de mudarme de este mundo.
Antes de que cerraran, pasé a Nintendo
a cobrar mi promesa y seguí con las compras, me han llamado materialista varias
veces por lo que diré, pero no puedo evitar pensar en la gente que quiero cuando
los encuentro en cosas que sé que les pueden gustar, me gusta dar regalos y mi
mayor satisfacción es ver en la emoción con que reciben que hice una buena
elección. Así fue como entre y Sali de muchas tiendas de la 5ta avenida, hasta
que se hizo tarde de nuevo, tocaba volver al hotel, para entonces los pies me
mataban, creo que no elegí bien el calzado que llevé, pero jamás me rendí. De
paso por times square me detuve a ver shows callejeros y preguntarme si esos
hombres no tenían huesos o algo. Ya en el hotel me tiré en la cama a pensar en lo
buena compañía que soy para viajar, en que quiero hacer muchos viajes sola pero
obvio no descarto mis ganas de encontrar a mi compañero de viajes quien
definitivamente deberá tener muchas ganas de gastarse los pies porque los míos
no piensan para nunca! Esa noche me costó más trabajo dormir, pero se logró
descansar lo suficiente para levantarme en cuanto sonó la alarma.
Miércoles, mitad de semana, día
soleado y dos museos y un mirados esperándome, elegí un vestido, por si me
quemaba que fuera parejo, tomé mi mochila y me fui a la 42 para entrar al
metro, me sorprendió lo poca gente que hay, pero también los vagabundos, una imitadora
me recordó que aún tengo que perseguir el concierto de Adele. En 30 min ya
estaba afuera del Museo Americano de Historia Natural, cede de una de las películas
favoritas de Kimy, por supuesto lo recorrí con ella en videollamada, amé su
emoción al ver “las figuritas”, los animales, dinosaurios y sobre todo a
Tonton. Lamentablemente no tenía mucho tiempo, tocó hacer lo poco usual: recorrer
el museo a contra reloj, aún así me encantó, por grande y organizado, aunque sinceramente
esperaba ver al menos un Adam Sandler como referencia en algún lado.
Salí de ahí, crucé la calle e
inevitablemente mis ojos se llenaron de lágrimas, Central Park me daba la
bienvenida, el lugar que Don Leo y yo soñábamos visitar, es realmente el pulmón
de la ciudad, enorme y lleno de arte, gente pintando, haciendo o escuchando
música, escribiendo, leyendo, pero también jugando, familias completas haciendo
picnic y algunas parejas paseando de la mano, yo solo encontré todas las bromas
que papá hacía al respecto, me tocó caminarlo casi por completo, los pies no me
daban más pero fueron leales, viví una experiencia incomoda con una pareja
filipina que parecía no estar conforme entre sí, mientras trataban de tomarme
una foto yo solo pensaba, si no explotan de amor y admiración por estar juntos tratándose
con interés y atención mejor nadota. Igual les agradecí, después de todo había
olvidado mi selfie stick.
Después de poco más de una hora
salí del parque, Maps me marcaba 12 calles al museo, 12 calles? Facilísimo.
Luego de hidratarme con una
cerveza llegué al MoMA (Museo de Arte Moderno, por sus siglas en inglés) había
hablado mucho con tia Pau y con Miri sobre ese lugar, mis ganas de conocer la
noche estrellada de Van Gogh fue lo que me llevó ahí, boleto en mano dejé que
revisaran mi mochila, que para ese entonces y casi como siempre, solo cargaba
mi pasaporte, protectores solares facial y corporal, un labial, dólares, unas mangomitas,
mi power bank, un dinosaurio y mi inseparable Alcohosito, realmente amo viajar
ligero, aunque de cualquier manera con el cansancio esa mochila terminó
sintiéndose como de 6 kilos.
Tenía dos horas para recorrer el
museo antes de que cerraran, sinceramente fue tiempo suficiente, me encantó pensar
que tenía algo en común con quien distribuyó y organizó el museo, todos los
números eran pares, 6 salas, con 4 divisiones, las obras no se exponían en
números impares, y yo estaba siendo muy feliz por eso.
Cuando al fin encontré la noche
estrellada me decepcioné un poco, la obra de Van Gogh se caracteriza por el
relieve, por tener textura y en lugar de exponerla en una sala con la
temperatura adecuada para preservar la pintura decidieron colocarle un marco de
cristal! ¡Por Dios señores! ¡Si la capilla Sixtina se preserva desde antes, que
hacen quitándole el efecto de relieve a una de las obras más icónicas! Igual me
gustó, pero mis quejas para el administrador.
Encontré muchas más obras representativas,
como las 32 latas de sopa o lo que me rompió el corazón: encontrar cosas que conozco
de mi infancia expuesto como cultura pop, y es que si, me tocó niñez de boom
cultural en el ámbito pop, pero eso no quita que estén ya en museos y mucho
menos escuchar a un adolescente preguntar cómo funcionaban los Discman.
Después de eso decidí descansar,
me senté frente a una gran ventana a responder mensajes y dar las señales de
vida que prometí. Me encantó disfrutar hasta los más minios momentos del viaje.
Terminada la pausa, de como 10
min, bajé a la tienda del museo, exponían artes plásticas y sinceramente no
entendí nada, un triángulo, una silla, dos palomas... no me lleve nada, si voy
a tener algo en casa prefiero que sea algo que e hace sentido.
Al salir de ahí me sentí menos
cansada, como que las ganas de no parar me dieron energía, tocó caminar de
vuelta a la 42, mi cita en el Summit era a las 7:30 y llevaba buen tiempo para
comer algo de paso. Conozco, por experiencia, que podría no comer, pero le
prometí a Kimy hacerlo entonces las comidas eran paradas obligadas.
Se me fue el tiempo que llevaba
extra platicando con un grupo de personas que conocí en la comida turca, aun así,
llegué a tiempo y comenzó la experiencia.
El Summit es uno de los miradores
más representativos de Manhattan porque literalmente fue creado para eso, que
después quisiera aprovechar para otras coas pues bueno. no hay negocio rentable
si no es adaptable.
Pasando los dos filtros de
seguridad y la foto que me hizo darme cuenta que estaba en tierra de gigantes,
con los pies cubiertos, hice fila en un túnel oscuro, me daba un poco de
ansiedad pensar en que se nos acabaría el oxigeno por colocar a tantas personas
en un espacio tan oscuro y pequeño por tanto tiempo, la fila avanzaba muy
lento.
Al fin en el elevador comencé a
subir los 91 pisos, elevador lleno de gente y de espejos. Cuando se abrió sentí
increíble, frente a mi estaba la ciudad de Nueva York, expuesta, enorme,
imponente, en una vista 360.
Me senté a ver caer el atardecer y
me sentí tan conmovida que no pude evitar llorar, poquito, obvio, como dije,
había mucha gente. Lloré por lo hermoso de la ciudad pero también por lo que
representaba estar ahí, más allá de ser desde siempre la persona que paga mis
viajes, estar ahí, sola y soltera me hizo sentir tremendamente empoderada y
triste, triste porque yo quería la familia, la relación bonita, porque le puse ganas
y aún con eso me tocó elegirme, y empoderada porque estar ahí solo me lo debía
a mí, a mi trabajo, a mis ganas, a mi “obvio que puedo”, y a mi convicción de
que la misión de cada viaje es volver a casa con mucho que contar.
Me quedé ahí hasta el anochecer, las
mejores fotos fueron selfies, pero estaba muy feliz. Cerca de las 00:00 me
despedí de la experiencia. Amé y aprecié cada momento ahí pero el viaje debía
continuar.
Volví a hidratarme y ahí encontré
a un grupo de amigos, dos parejas y Alejandro, coincidimos en la barra, le ayudé
a una de las chicas a explicarle al bar tender que era alérgica al durazno, le
dije que la entendía por mi alergia a la fresa y comenzaos a platicar. Me
invitaron a su mesa y tuve la mejor conversación del viaje.
En un lugar lleno de inglés
fuimos el escandalo en español, me contaban como organizaron el viaje y que
originalmente eran 6, pero pasan cosas... cosas que dejan corazones rotos… que
ganas de contarles mi trágica historia, pero, para qué?
Hablamos de los países que
conocemos, el tipo de viajes que nos gustan y en general lo bello que es el mundo,
me preguntaron que haría después y mientras les contaba la osadía de mi día Alejandro
dijo “vamos al rooftop de times square, si no recuerdo mal, hoy es noche latina”
Nos pareció buena idea a todos y fuimos allá, el único problema es que la noche
latina era en Bryant Park, no en times square … por lo que caminamos un poco más.
El lugar era lindo, el empire state tiene una
vista hermosa, yo no quería beber, soy más responsable cuando me toca cuidar de
mí misma, así que me dediqué a platicar, sorprendentemente no hablamos sobre
nosotros, más bien sobre lo que pensamos, nadie contó su vida, solo disfrutábamos
del momento. Fue así como terminé en un columpio a las 3:00 a.m. hablando con
un desconocido, que por cierto me pareció brillante, me encantó la manera de pensar,
su sentido del humor y los ojazos brillantes que tenía, era viajero de
Medellín, y eso a mi me sabía a dejavu, me confundió pensar en si de verdad me
gustaba o si solo tengo debilidad por los paisas.
-
¿Crees en el amor a primera vista? - Me dijo
sonriendo
-
En lo que no creo es en los vínculos a distancia.
- Le dije, con toda la intención de dejar en claro de que no había chance de
una plática romántica.
Y es que si, era guapo, hablaba y
olía lindo, me gustaba su cerebro y su humor, pero sinceramente lo último que quiero
es complicarme la tranquilidad que me ha costado conseguir, además, tengo
palabra y aún no es agosto, la huelga emocional sigue, y sin vinculo afectivo
jamás habrá acto reproductivo.
El agradeció la sinceridad y se ofreció
a acompañarme a mi hotel, acepté.
Caminamos muchas calles mientras hablábamos
de la ciudad haciendo el trayecto muy corto, la verdad es que la manera más
sencilla para que un hombre me llame la atención es que tenga buena platica, y
ese colombiano lo tenía.
-
¿Puedo ayudarte con la mochila?
-
¿¿Hablas de darle mi pasaporte a un completo
desconocido en un país que no es el mío??
-
Que latinoamericana – Respondió entre risas.
Encontramos la noche latina y toco
sentir compasión por el ritmo que no circula en los cuerpos anglosajones,
bailamos, triunfamos y seguimos el camino.
Llegamos al hotel y platicamos un
buen rato más en el lobby, hacía mucho que no conectaba intelectualmente con
alguien, como eso me gustó hice lo más prudente, despedirme. No me pienso
volver a arriesgar NUNCA involucrándome con alguien que no está disponible.
Subí a mi habitación y prácticamente
caí en coma.
Aunque dormí profundo, dormí
poco. Tocaba levantarme temprano para ir a la emblemática estatua de la
libertad, y si había suerte, el MET. Desayuné algo camino al metro y me
aventuré a mi siguiente parada.
Llegué a Battery park y pronto supe
donde conseguir mi boleto a la isla, mucho calor, pero también muchas ganas.
Dicen que la estatua de la libertad es siempre mas pequeña de lo que imaginas,
pero sinceramente la vi justo como la imaginé, el color azul por el cobre
desgastado me pareció precioso y el oro de la antorcha es realmente
deslumbrante, pase un tiempo ahí, compre cositas y encontré el pin
representativo de ese viaje, también busqué llavero pensando en mi nueva casita
y me emocioné por estar ahí.
Sinceramente no hay mucho que ver,
más bien apreciar y me encargué de hacerlo, después de una limonada que me supo
a Capri, esperé por el regreso.
De vuelta en Battery park
platiqué con un guía que se refrescaba con las botellas de agua helada por un dólar,
me contó que el MET esta parcialmente cerrado y me rompió el corazón al decirme
que es justo del lado de la sala de los Oscares y las esculturas griegas, que
es lo que quería ver, obvio no le creí e investigué, era cierto.
Tocó redireccionar el viaje, a
metros estaba el toro de Wall Street, pensé en que necesito “suerte” para el
dinero, así que comencé a caminar hacía la fila para la foto, hice lo que debía
y me regalaron un periódico con MI foto, de haberlo sabido miraba esa cámara y
no la del teléfono, aun así, lo pienso enmarcar.
Recorrí el distrito financiero,
conocí a un corredor de la bolsa en el lugar donde fui a comer, la plática fue
breve porque se encontraba en acciones de alto riesgo y no podía quitarles el
ojo de encima. Literal.
Seguí mi camino y encontré más
cosas emblemáticas, el miniso kawai y la iglesia de los milagros potentes. Pedí
un favorsito, por si acaso.
El camino de vuelta a Manhattan
fue raro, no sé cómo logré regresar a pie de un lugar que me tomó varias líneas
de metro, se lo atribuyo a mi creencia de pensar que puedo llegar a cualquier
lugar caminando, razón por la cual volví con las piernas más firmas.
Regresé a Manhattan casi al
anochecer, comí pan y entré a los laberintos, me gusta pensar que soy hábil y no
que hay una formula para salir de ahí. Para entonces estaba cansada, frente a
la catedral de San Patricio (si, mi pobre angelito!) me senté y aflojé los
tenis. Mi tiempo de pausita había llegado.
Mucha gente, y al fondo,
¡¡camerinos!! Fui a chismosear, no sé qué película iban a grabar, ¡pero pude
ver una puesta en escena seguramente hollywoodense! Espero reconocer la
locación en alguna película, cámaras enormes, micrófonos y mucha gente casi que
corriendo en círculos, les decían a los extra justo que no hacer: “no miren las
cámaras”, “no hablen alto”, etc.
Camino al hotel decidí quedarme
en times square, era mi ultima noche en esa ciudad, no quería que terminara,
¡pasaba por i mente cada calle, cada tienda, cada comida, comida! Tocó cenar en
“Los tacos No.1” mucha gente y sorprendentemente deliciosos, me refiero al de pastor.
Llegué al hotel y encendí la tele
mientras acomodaba mi maleta, fuera bolsas, era momento de ejercer mis tardes
de Tetrix, todo cupo perfecto, estaba lista para partir.
El check out del viernes era a
las 11, me levante temprano para ir a desayunar, elegí McDonald´s para no
perder tiempo y poder pasar por Disney para mi joyita del viaje, lo habría
hecho en Tifannys pero pensé que volvería a pasar por ahí y no, o en Pandora, pero
por inauguración estaban llenos, así que elegí unos aretes de minie mouse con
perlitas, salí feliz y volví al hotel, después de entregar la habitación pisé
por última vez la alfombra que dice “Paramount”.
No quería la aventura subterránea,
mi maleta pesaba más y estaba segura de que podía dañar las rueditas, así que,
disfrutando como todo el viaje de la caminata, fui hasta el bus de Newark, pagué
mis 15 dólares y comencé a ver cómo me alejaba de la ciudad.
Mi mente hizo un review de todo
lo vivido y se me llenó el corazón de gusto, amo viajar, conocer, retarme, y
sinceramente lo hice muy bien, me fui conforme con lo vivido, soy de la idea de
no repetir lugares, pero sin duda me quedan ganas de regresar.
Tengo los ojos en Suiza, después
de eso en Japón, con suerte ya no vaya sola, pero en caso de que sí tengo la
certeza de que la pasaré increíble, porque en estos últimos dos viajes no he
necesitado nada más que mis ganas y la tranquilidad que me doy por saber que no
pasa nada si me pierdo, porque mi principal casa soy yo.
Llegué a tiempo al aeropuerto
pero el vuelo se retrasó horas, no hace falta recapitular el drama de la gente
y lo cansada que me sentía o el trabajo que me cuesta subir y bajar mi maleta
de cabina, todo salió bien, volví a mi país de madrugada y a los brazos de
Kimy, me dijo que se alegraba por verme, me tenía listo un café y le platiqué
todo con la misma emoción con la que recuerdo contarle mis días al salir de la
escuela, ella solo me sonreía mientras escuchaba con atención, le puse la
pulsera de viaje en la mano, ella agradeció, me llenó el corazón diciendo que
estaba feliz de verme cumplir sueños y orgullosa de lo lejos que me puedo
llevar. Nos dimos las buenas noches y nos fuimos a dormir.
Viajar no da vida, da las ganas
de vivirla, se vuelve con menos dinero pero literalmente más mundo, viajar
asusta a veces, pero emociona el doble, ser capaz de llevarte a los lugares que
soñaste ir es una forma impresionante de hacerte cómplice de ti mismo, respetar
tu ritmo y tus decisiones te hace pensar que todo es posible, ojalá el tiempo
en el mundo me alcance para conocer lo más que pueda.
Volví feliz pero también
agradecida, con lo que tuvo que pasar para hacer el viaje realidad, con mis
pies que resistieron, con haberme cuidado y volver sana y salva, con las
oportunidades y quien programe el universo, volví con más ganas de volver a
meter el pasaporte en mi mochila verde muy pronto!
¡Mientras tanto, hasta siempre
Nueva York! Que precioso eres.
Comentarios
Publicar un comentario