Había
tráfico, geste caminando, hojas que se empezaron a caer pero aun no crujen lo
suficiente para que la vida sepa a otoño.
Caminé sin prisa, no había manera de que el tiempo no alcanzara y después de todo, debo aprender a ser gentil con mi pie; desde hace meses me siento triste por eso, no constantemente, por supuesto, pero si cuando pienso en que no debería doler, debería poder correr por más de 20 min y usar tacones del 15, pero por el momento no se puede, estoy aprendiendo a ser paciente con mi cuerpo y dedicarme a procurarlo para envejecer mejor, por eso la caminata matutina toma más tiempo de lo normal y está bien, a veces a la vida hay que ponerle más calma.
En el trabajo todo muy normal, pendientes resueltos, urgencias atendidas, llegó el regalo de cumpleaños con el que espero triunfar y comí mandarina (la mejor parte del día).
Volvió a ser 13 de octubre .. La vida no se detuvo, muy al contrario, se ve muy distinta que hace un año, y por supuesto, completamente diferente a lo que fue hace más de 12 años.
Don Leo quería ser recordado en sus cumpleaños como fecha conmemorativa de su vida, y vaya que lo pienso mucho cada 19 de enero, pero es inevitable cruzar semáforos sin pensar en ese día.
Piensan que exagero cuando hago que quienes me importan me prometan no usar el teléfono mientras condicen, pero de verdad es horrible cuando una acción tan simple vuelve invisible a una persona importante.
Papá “se fue” por una persona que se distrajo con algo que pudo esperar, un mensaje? Una llamada? Nada puede ser tan urgente como para no ser capaces de esperar, y si lo es siempre se puede ser prudentes y orillarse para atender. Pero Jorge decidió no hacerlo, le pareció sencillo tomar el teléfono, se sintió hábil y acelerante una luz amarilla parpadeante, todo al mismo tiempo ..
No busco revictimizar a Don Leo, porque no fue la única vida que se apagó ese día, solo reflexiono como a pesar de todo, todos y del tiempo, la vida siguió. Volví a pisar hojas secas, vivir una mañana soleada, sonreír, ser feliz, confiar y también volví a decepcionarme, porque la vida es así, mil cosas pasando al mismo tiempo, afectándonos, o no, a todos de diferente manera.
A veces me gusta pensar en las realidades alternas que se crean en un universo infinito, me gusta imaginar a Don Leo haciendo sus cosas, viviendo los años que le faltaron, pero como nada es comprobable, me mantengo en la ilusión de uno de mis “ojalá” favorito.
Desde hace 12 años aprendí a vivir sin él y ahora estoy en calma con eso, obviamente amaría que las cosas fueran distintas pero todo es como es, y sigue siendo la única afortunada que lleva sus genes a pasear por el mundo, y eso para mi es de lo más especial que tengo.
Papá “se fue”, sin querer, pero dejó en mi un par de ojos que verán por él; sé muy bien lo que quería ver, y los caminos que le faltó pisar y me queda (espero) mucha vida para llevarlo conmigo a todas partes.
La mejor manera de vivir y dejar ir es agradeciendo, y bueno, jamás agradeceré lo que sucedió pero si lo que me hizo ser parte de su vida.
El sábado fuimos a Mont Blanc, la última vez que estuve ahí fue hace 4 años, Giorgio nos recibió con la sonrisa y gusto de siempre, y en esa sonrisa y en esos ojos y en ese trato encontré la vida de mi padre; Giorgio era su amigo, por eso la calidez extra en su forma de ser anfitrión.
Me parece casi que mágica la manera en que vamos dejando pedacitos de nosotros en la vida de los demás a manera de recuerdos, me parece esencial disfrutar de la compañía de personas que lo conocieron, que saben de lo que hablo cuando les hablo de él, y más aún, que lo recuerden a través de mi.
Hoy lo pensé mucho, en sus canciones, en la mandarina que estoy segura que le habría encantado probar, al volver a casa y sentirme como aquella primera vez en que viví sola y sabía que podía contar con él, aunque no está, tuve la misma sensación y obvio si pasa algo él no vendrá pero sé que puedo contar con lo que me enseñó y con la carga genética que me hace pensar que pase lo que pasé todo va a estar bien.
El atardecer se puso guapo y más que doler y lamentar este día, decidí pensar con más fuerza a la persona que amo, después de todo, no se fue porque quiso, es más, apuesto a que estuvo mucho tiempo molesto por no estar vivo (en caso de que se pudiera).
Pedí su comida favorita y lo regresé a mi recuerdo de manera intacta con un suspiro antes de quedarme dormida “viendo una pelicula”.
La
carga genética es de las cosas más impresionantes de la vida, amo entender que
somos fragmentos de muchas personas que existieron antes, que somos historia
aunque las familias sean pequeñas y que vamos por la vida dejando recuerdos al
menos fugaces, en la memoria (que es parte de la genética) de otras personas.
Somos pequeñitos, pero interactuar nos engrandece.
Besito al cielo pá. No es como la pensaba ni como la planeé pero mi vida hoy es tranquila y me siento feliz por eso.
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