Había tenido semanas maravillosas, la vida iba sin prisa, con mucha tranquilidad y lo suficientemente ocupada para no solo tener tiempo de agradecer, lo bueno y lo “malo” que toca resolver, sino para planear lo que esta por venir y que me emociona tanto, pero justo hoy, incluso después de una gran noche de juegos de mesa (que cosa tan favorita) me levanté sin ánimo, mi corazón amaneció oprimido y pensé que era raro porque después de unas llamadas y un par de mensajes comprobé que todo lo que me importa estaba en orden, no entendí lo que pasaba pero lo dejé pasar, estoy en esa etapa de reconocerme sensible, siendo que siempre lo he negado, pero bueno, si soy, y trabajo en validar todas mis emociones conforme aparezcan y si esta mañana tocaba corazón apachurrado, bueno, dejé que se desinflara tantito.
No deje que eso me hiciera desobligada, me levanté, arreglé como siempre y me preparé desayuno, porque como sabemos, la vida no espera..
Llegué a contarle a Cher como me sentía y ella me dijo que “a veces el precio de elegir la soledad es sentirse un poquito sola, quizá es eso mientras te acostumbras de nuevo” y bueno, suena razonable pero más y diferentes formas de duelo no se me antoja experimentar.
Hace unas semanas estaba feliz, se había acordado tener a mis cachorros algunas semanas y me prepare para eso, pedí tapetitos nuevos, llené su puertecita del mueble de la sala con pañales, busque playlist para perritos ansiosos, por aquello que todo sigue siendo nuevo para ellos, compre platos y lave sus correas, también les pedí contenedores para sus alimentos y volví a comprar “clorox mascotas”. Realmente estaba lista e ilusionada. Los amo mucho a ambos pero la historia con Boster, tan solo por los años es mucho más estrecha, por eso le pedí también sus galletas favoritas e investigué cual es el mejor pollo de la zona para comprarle a mi Bambita, la tarea estaba hecha, solo tocaba esperarlos.
Pero lo que llegó fue otra cosa, el mensaje de mi mamá: “Discúlpame mi amor, pero Mauricio dijo que no a lo de pasar por los perros, que lo había reconsiderado y que no accede a que los tengas.”
El mensaje fue claro y entendible, y no solo me dejó con sus cositas en la casa sino con las manos vacías y el corazón roto de nuevo.
Solía
controlar (reprimir) ese tipo de emociones pero desde que decidí conectar con
mi sensibilidad (porque no está mal no poder a veces) me resulta más complicado,
hace unos meses no habría sido opción ir a llorar al baño, me sentí “mejor”
pero pasó pronto cuando vi que se notaba.
La solución fue dormir, 20 min en la hora de comida, pero como la mente rara vez descansa no deje de pensarlo en segundo plano.
Yo no me fui del lado de Mau por falta de amor, sorprendentemente, sino por darme cuenta que el amor no es suficiente, porque al parecer tenia que “entender en cabeza propia” que hay quienes parecen buenas personas pero eso no los hace buenas parejas, no me fui porque fuera lo más fácil, lo más sencillo era quedarme, seguir pretendiendo que todo estaba bien y que su egoísmo no me dolía, lo más sencillo era normalizar el no poder hablar con él, el no confiar en el por haberme demostrado no tener palabra, lo más simple era ser esposa, quedarme por los perros, por los años o por esperar al hombre del que me enamoré romantizando a través de la gratitud y lo vivido juntos a alguien que ya no existe, a quien su evolución personal lo llevó lejos de mi, porque por mucho amor que haya, nunca va a ser suficiente si quien está a tu lado no tiene real interés en ti, no te incluye en los planes o ni siquiera sabe por qué está contigo.
Me fui porque no quise ser costumbre, porque mi corazón ya no estallaba de amor y porque no me permití amar a quien no tenia tema en lastimarme, me fui por partes, cuando perdí el gusto por responder sus llamadas, cuando empecé a hacer planes sola, cuando mi dinero ni mi consejo eran suficientes, cuando se trató de ser parte de su familia y no él de la mía, cuando lo que hacía por mi se sentía como puro compromiso, cuando le importó más el dinero, en mi primer viaje sola, cuando no quiso pasar conmigo su cumpleaños, cuando me dejó llorando en la sala una noche, las dos veces que él se fue y sobre todo, cuando enojado me dijo que no me amaba y no era feliz, ese día me terminé de ir.
Puede sonar a que me tardé, a que permití mucho pero aunque el amor no justifica, mi forma de amar no entiende sobre abandono, por eso elegí el camino "difícil" el que incluyó desesperarme por no tener a donde ir cuando se me terminó un contrato de renta, el que involucró meter los últimos años de mi vida en bolsas y darme cuenta de lo sola que me ssentía estando con él, elegí elegirme, y hacer por mi lo que con tanto fervor le entregué, elegí tratarme de comprender a mi, tenerme paciencia y no ser tan dura conmigo, elegí estar conmigo en las buenas y malas, resolver, no parar, y justo cuando lo conseguí decidió imponerse de nuevo.
Me duele porque me hace saber que es mala persona, o al menos que tiene malas intenciones, me duele porque él era de las personas que más me conocía y decidió usar eso para lastimarme, pero fuera de eso y lejos de él, me duelen mis perros, sé que Boster me sigue buscando cada que alguien toca la puerta, que llora si me voy y que Bamba no come todas sus croquetas en el desayuno si no soy yo la que le de el pollito.
Me duele mi historia con ellos, las canitas blancas en la cara de Boster y que probablemente no le cumpla la promesa de tomarlo de la pata hasta su último respiro, me duele no saber quien lo va a cuidar y pensar que ya camina más lento, me duele saber que la personalidad de Baba hace que le presten más atención a ella por lo que puede que él se sienta solito.
Me quedé sus cosas, sus pelitos en mi suéter rosa que ahora no quiero lavar jamás, sus fotos de cachorro y su collar rojo, como Boster, como mi Toy Story ...
Quizá sea diferente, quizá (ojalá) cambie de opinión, o al menos que permanezcan con quienes los cuiden con cariño.
Me arde el corazón solo de pensar que no puedo hacer nada, después de todo, son suyos. Aún sin pelear sé que ya está perdido, porque yo los quiero a ellos y él solo quiere que no los tenga.
No quiero tener nunca más perros con nadie, mucho menos comprados, de hecho, aunque los amo mucho, no quiero tener más perros nunca (entiéndase por "nunca" como "de aquí a que no duela, porque llevo años presintiendo que un perrito rescatado vendrá a salvarme la vida a mi).
Ya había comprado su regalo de navidad, y los peluches de perros salchichas con gorritos de santa, ya le había dicho a Val que los conocería. Ellos tienen los mejores momentos de 10 años, y todo mi amor.
Sé que no exagero, pero ojalá me doliera menos al menos así dejar de llorar cada que pienso en ellos, porque siempre los estoy pensando.
Ojalá el hombre atento, protector, generoso, cariñoso, simpático y empalagoso del que un día me enamoré siga viviendo en Mauricio, no para mi, sino para el cuidado de ellos.
Si te pudiera decir algo a mi paticorto sería: CREEME, no te voy a soltar sin intentarlo.
He llorado todo el día y no logro sentirme mejor, pero si algo aprendí en este último año, es que puedo seguir siendo persona aún con el corazón roto. Los voy a extrañar siempre, me hacen falta sus cuerpecitos en la espalda al dormir, sus berrinches y las horas de juego, y sé que les hago falta, por eso no me voy a rendir sin intentarlo, así se me rompa 10 veces más el corazón por la misma razón.
Mis chaperritos son lo mejor que le puede pasar a alguien. Ojala me estuvieran pasando a mi.
Comentarios
Publicar un comentario